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Un cronista musical
Aunque su verdadero nombre era Antonio Fernández en Cuba todos lo
conocían por Ñico Saquito. Lo de “saquito” le venía por la guantilla en
forma de saco que solía usar
de muchacho en los placeres de Santiago de
Cuba, su ciudad natal, cuando jugaba a la pelota. Las guantillas eran un
guante de lona o tela, que los muchachos pobres solían hacer para jugar
con ellos al béisbol. Con esas guantillas, que parecían un “jamo” o saco
se podían hacer maravillosos engarces.
Pero
la fama de Ñico Saquito no le vino por el béisbol, sino por la canción y
la música y por su peculiar manera de incluir en sus composiciones
musicales temas destacados de la variopinta actualidad nacional cubana.
En
una época en que no existía más que la radio como medio de comunicación
masiva, Ñico, autor, trovador y guitarrista le contó a los cubanos la
actualidad con sus canciones. Fueron famosas sus composiciones sobre “El
Madrugón del 10 de marzo” cuando el golpe de estado de Batista; “Ya don
Rafael habló”, en referencia a la novela “El Derecho de Nacer”; “El
Berrinche de María y Agustín, sobre la desavenencia de María Félix y
Agustín Lara; “Silverio y la luna”, contaba las andanzas del torero
Silverio Pérez.
Entre
sus canciones más populares estaban: “Al vaivén de mi carreta”, “Compay
Gallo”, María Cristina me quiere gobernar”, “Jaleo”, “No deje camino por
vereda, “La vaca lechera”.
La punzada de guajiro
En
Cuba se producían muy buenos helados, tal vez la necesidad de contar con
líquidos refrescantes dio origen a que nos especializáramos en
prepararlos. Todos recordamos los helados de la abuela, hechos en
aquellas sorbeteras de madera, alimentadas con hielo y sal, a las que
había que hacerlas girar con una manigueta hasta que el líquido cuajara
y saliera el delicioso mantecado. Luego aparecieron los "durofrío",
hechos en el congelador de los refrigeradores y los jugos de frutas
helados casi a punto de congelación.
Y sucedía que si usted tomaba un helado, durofrío o refresco
rápidamente,
sentía un dolor agudo, penetrante, insoportable y temporal desde el
cuello hasta la cabeza:
tenía la "punzada de guajiro".
La razón científica de esta reacción,
según me indican es que se produce un enfriamiento de los nervios que
irrigan la garganta y esto hace que se sienta la sensación de dolor o
"punzada" del cuello a la cabeza.
Me
han dicho que la frase se originó porque cuando comenzaron a
popularizarse en Cuba los helados y productos refrigerados los guajiros
comenzaron a consumirlos y como no tenían costumbre de consumir
materia tan fria, los
bebían muy rápido, con lo cual daban origen al enfriamiento o "punzada"
de que hablamos y como los que más frecuentemente sentían la "punzada"
eran los guajiros, por las razones que apuntamos, el
vulgo bautizó el fenómeno como “la punzada de guajiro”.
Mi
recomendación es que no beba líquidos helados muy rápido si no quiere
que le dé la "punzada de guajiro".
El Tingo Talango
Si usted es cubano viejo seguramente ha oído hablar del “Tingo Talango”.
Y ¿Qué es el Tingo Talango? Bueno, según dice Julio Cuevas en su sabrosa
guaracha del mismo nombre, el Tingo Talango es un instrumento musical
que “no es de cuerda ni de viento”.
El Tingo Talango es de origen congo y según Helio Orovio en su
Diccionario de la Música Cubana, “consiste en una rama flexible clavada
en la tierra que, arqueada, pone en tensión un cordel hecho de yagua o
de latón. Esta va fija al suelo, tapando un hoyo hecho en la tierra a
cierta distancia del arco tensor”.
Y sigue diciendo Orovio: "El músico, de pie o sentado, según el tamaño
del instrumento, frente a la cuerda o alambre que ha quedado vertical,
tenso, lo golpea con un palo, mientras que con la otra mano, apoyada en
el bejuco arqueado, modifica la tensión y obtiene sonidos de diferentes
alturas”.
En la guaracha de Cuevas hay un estribillo que dice: “dale que dale al
sumbantorio”. ¿y qué es el “sumbantorio” se preguntará usted?. Pues,
según mis fuentes, es como le llamaban los cubanos viejos al trasero de
la mujer, al que también se referían como el “volumen” de Carlota.
Liborio
Así como el “Tio Sam” simboliza al pueblo norteamericano, Liborio es el
personaje que simboliza al pueblo de Cuba. Este personaje de pronunciada
nariz, largas patillas y atuendo campesino expresó por varias décadas el
pensar y el sentir el decir y el sufrir del pueblo cubano.
Creado por el caricaturista Ricardo de la Torriente, apareció por
primera vez en 1900 en el periódico La Discusión que dirigiera
Torriente y más tarde y desde 1905 hasta 1931 en en el semanario La
Política Cómica también dirigido por Torriente.
Todas las vicisitudes, penas y alegrías del pueblo cubano en esas
décadas fueron captadas por Liborio y expresadas a veces en cuartetas
otras veces con sólo un gesto de su cara, ya que Liborio era un bromista
un tanto satírico.
Hacia los años cincuenta surgieron otras versiones más modernas de
Liborio y hasta surgió Liborito Pérez, versión más ligera y con distinto
talante: sin patillas ni bigote, de cara regordeta y sombrero mambí y
guayabera criolla. Esta nueva versión de Liborio apareció también en el
semanario humorístico Zigzag de Castor Vispo y Roseñada, que en
cierta forma fue el continuador, al menos en el estilo humorístico de
La Política Cómica.
Liborio desapareció de la escena cubana como desaparecieron muchas de
nuestras mejores tradiciones, con la llegada del gobierno castrista,
enemigo del humor y de muchas otras tantas cosas.
Botellas y botelleros
A lo que en otro lugares llaman sinecura, prebenda, canonjías o
mamandurrias, en Cuba les llamamos botellas. La botella es una cantidad
que se percibe sin trabajar, o por no hacer nada. Es, sencillamente, un
privilegio.
El origen de la palabra botella para definir este hecho no es muy claro,
aunque se afirma que quizá se deba al hecho siguiente. Cuando se
establecieron los juegos de pelota vasca o “Jai-Alai” en La Habana, se
permitía la entrada “de balde” a ciertas personas que entraban al
frontón con botellas de agua fría para que los pelotaris saciaran su sed.
Como las personas que entraban con las botellas no pagaban, el público
asoció este privilegio con las botellas y a los que llevaban les
llamaban botelleros.
Las botellas y botelleros alcanzaron su mayor popularidad en tiempos del
presidente Mario García Menocal, quien se dice que distribuyó botellas
a granel entre sus amigos y colaboradores políticos.
Parece que esta costumbre de ofrecer privilegios nos vino de España pues
ya en 1604 Agustín de Rojas en su Viaje entretenido nos cuenta
cómo en Sevilla muchos aprovechados solían entrar al teatro sin pagar la
entrada, o, de botella.
En cierta forma el primer y más famoso botellero de Cuba fue Fernando
Colón, hijo predilecto del descubridor y notable cronista, quien cuenta
que próximo a morirse su padre le concedió “una pensión de mil
quinientos pesos anuales sobre la Isla de Cuba” .
Durante la etapa castrista la botella ha evolucionado y ahora se otorgan
enormes botellas en forma de empresas comerciales o complejos
industriales a los amigos y compinches del mandamás.
La culpa de todo la tuvo el totí
El totí es un pájaro pequeño que abunda mucho en la campiña cubana. En
la región oriental de Cuba se les llama choncholí. Pertenece a la
familia de los córvidos; tiene plumaje negro y pico encorvado y se
alimenta de semillas e insectos.
Don Fernando Ortiz dice en su libro Nuevo Catauro de Cubanismos
que este pequeño plumífero hacía tanto daño a las cosechas y aún al
azúcar almacenado, que era costumbre en los antiguos ingenios poner a un
esclavo a cuidar que los totíes no se acercaran a picotear los sacos de
azúcar o de granos almacenados.
Los esclavos, puestos a cuidar lo que a ellos les faltaba, solían robar
de los sacos almacenados y echarle la culpa de las faltas a los totíes,
cuando el mayoral o el amo les reclamaban. Así surgió la frase “la culpa
de todo la tuvo el totí”, que socorridamente usamos los cubanos para
descargar nuestra responsabilidad, cuando somos sorprendidos infragante
en alguna falta.
El cocomacaco
Tres signos externos distinguían al sargento político cubano de primeros
años de la república: traje de drill cien, diente de oro y cocomacaco. ¿Qué
era el cocomacaco? Pues una especie de bastón o garrote nudoso, que se
usaba como arma defensiva u ofensiva, según como se mirara, por los
activistas políticos y gente de acción.
Era el signo de la “guapería” a la cubana, o sea, del hombre pendenciero
y perdona vidas. El cocomacaco fue usado también en Haití como arma
principal del ejército. Un viejo poema haitiano dice: “contra el hechizo
de la mala hembra, cocomacaco duro tendrá”.
Digamos, pues, que el cocomacaco es un instrumento contundente de
disuasión. Palo y tente tieso, como diría un castizo.
All comienzo de la república se usaba el cocomacaco para hacer trabajar
a los que, pudiendo, no querían. Esta copla reflejaba el grado de
vagancia de algunos: No refescar / no escupir / no rascarse / no fumar.
Muy temprano llegar / casi de noche salir / no hay tiempo para almorzar
/ ni otra cosa que escribir / quien se quiere colocar / es que se quiere
morir. Para corregir a estos sujetos se usaba el cocomacaco.
Sin azúcar no hay país
Las raíces de la caña de azúcar fueron llevadas a Cuba desde las Islas
Canarias por Cristóbal Colón en su segundo viaje, en diciembre de 1493.
Plantadas en las fértiles tierra cubanas, las lluvias, el sol y las
magníficas condiciones climáticas pronto hicieron que la planta
se enraizara y hacia 1501 surgió el primer cañaveral propiedad de don
Pedro de Atienza.
Al principio se extraía el guarapo por medios manuales. El Padre
Bartolomé de las Casas dice que en 1506 el catalán Miguel Ballester
comenzó a extraer el guarapo o “zumo de la caña” por medio una
instrumento llamado “cunyaya” o prensa de palanca. El primer trapiche
de caballos lo construyó don Gonzalo de Velosa. A estos rudimentarios
trapiches también se les llamaba “cachimbos”.
En las Elegías de Juan de Castellanos aparece esta copla: “El inventor
primeros de esta cosa, / Que primero lo dio perfeccionado, / Dicen que
fuese Gonzalo de Velosa, /Varón por buena letra estimado”.
Andando el tiempo y con la aparición de las calderas de vapor surgieron
los “ingenios”. Dice Fernando Ortiz que se decía ingenio por decir
“industria, maña o artificio”.
Con el desarrollo de la tecnología surgieron los ingenios ultra
potentes, que pasaron a llamarse “centrales”.
Desde el descubrimiento, la industria azucarera estuvo ligada a la
historia de Cuba. Sus triunfos y fracasos dejaron huella indeleble en la
historia y en el carácter de los cubanos. Si la industria azucarera iba
bien era época de “vacas gordas”. Por el contrario, si a la industria
azucarera le iba mal entonces estábamos en época de “vacas flacas”.
Cuando en 1944 el presidente Grau logró un ventajoso acuerdo de precios
para el azúcar que vendíamos a los Estados Unidos, se produjo el llamado
“Diferencial Azucarero”, un período de vacas gordas de grata
recordación. Cuando cada cubano tenía cinco pesos en el bolsillo, según
decía Grau.
Ahora que se anuncia la eliminación de la industria azucarera cubana es
hora de recordar aquella famosa frase que llegó a ser un axioma entre
los cubanos: “sin azúcar no hay país”.
El presidente cordial
En 1948 presentó su candidatura a presidente de la república el doctor
Carlos Prio Socarrás. El doctor Prio procedía de una familia de la clase
media cubana. Sus mayores había participado en la guerra de
independencia y él, en sus años de estudiante, había sido miembro del
Directorio Estudiantil Revolucionario, que tanto tuvo que ver con la
caída del general Machado.
Durante el gobierno del doctor Ramón Grau San Martín, Prio había ocupado
los cargos de Ministro del Trabajo y de Primer Ministro, además del
escaño de senador por la provincia de Pinar del Río.
La campaña de Prío se desarrolló con gran entusiasmo y dinamismo entre
las masas de su Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Se escogió
una enorme aplanadora como símbolo de la campaña y la música electoral
compuesta por Osvaldo Farrés decía: Prío, Prío presidente / por que lo
quiere / lo quiere la gente. / Ahí viene la aplanadora / con Prío alante
y el pueblo atrás. Y más de una vez apareció el doctor Prío conduciendo
la aplanadora.
La candidatura de Prío Socarrás triunfo sobre la del doctor Ricargo
Núñez Portuondo, un distinguido médico habanero y Carlos Prío tomó
posesión de la presidencia el 10 de octubre de 1948. En el discurso de
toma de posesión Prío afirmó: “Yo quiero ser un presidente cordial”.
Su gobierno se caracterizó por la ejecución de numerosas obras pública
en toda la isla impulsadas por el Ministro de Obras Públicas Luis Casero
Guillén. Particularmente en La Habana se dio inicio al proyecto
monumental de la Plaza Cívica (luego llamada Plaza de la Revolución por
Castro), en la que se ubicarían los edificios del Tribunal Supremo de
Justicia, el Teatro Nacional, Tribunal de Cuentas, Biblioteca Nacional,
Ministerio de Comunicaciones y otras dependencia del Estado.
Otros grandes logros del gobierno de Prío fue la creación del Tribunal
de Cuentas, del Banco Nacional de Cuba como banco de bancos y numerosas
leyes sociales como la del aguinaldo a los empleados conocida como “Ley
Arturito”.
El gobierno de Carlos Prío Socarrás terminó abruptamente el 10 de marzo
de 1952 con el golpe militar del general Batista. Muchos cubanos,
incluyendo el que esto escribe, recordaremos siempre al doctor Prío como
“el presidente cordial”.
La Jornada Gloriosa
El 1 de junio de 1944 se celebraron elecciones generales en Cuba para
elegir un presidente y un vicepresidente, las dos cámaras del congreso y
los gobernadores provinciales. Dos grandes agrupaciones políticas
presentaron candidatos: La Coalición Socialista Democrática y la Alianza
Auténtico Republicana.
Los de la CSD postularon al Dr. Carlos Saladrigas y Zayas, un
prestigioso médico, para presidente y al Dr.
Gustavo Cuervo Rubio
para vicepresidente. La Alianza, por su parte, postuló al Dr. Ramón Grau
San Martín, un eminente profesor de fisiología de la Universidad de La
Habana, y al Dr. Raúl de Cárdenas y Echarte para vicepresidente.
El presidente Batista apoyaba al candidato de la coalición y todo
parecía indicar que éste sería el ganador, aunque en aquella época no se
hacían encuestas como ahora. Lo que realmente sucedió fue que el pueblo
votó masivamente por el candidato de la Alianza y así resultó electo el
Dr. Grau San Martín.
Eduardo Chibás y Rivas, que fungía como vocero de la Alianza y que
resultó electo senador en aquellas elecciones, dio en llamar aquel día
de elecciones como “La Jornada Gloriosa del Primero de Junio” y así lo
empezó a llamar en sus discursos y radio mítines,
quedando
acuñada
la frase
para la historia.
Los doctores Grau San Martín y Cárdenas Echarte tomaron posesión de sus
cargos de presidente y vicepresidente el 10 de octubre de 1944.
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Recuerdos de Cuba - Segunda Edición 2008
Por Andrés D. Puello
La cultura cubana
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los recuerdos y al hacerlo se recordará o se
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El collar de la reina
Cuando terminó su mandato el general Mario García Menocal, tercer
presidente de Cuba, se fue a vacacionar a París. Menocal estaba casado
con Mariana Seba, dama de la alta sociedad habanera, famosa por su buen
gusto y refinamiento.
Se encontraba en París, de vacaciones también, el rey de España don
Alfonso XIII, a quien acompañaba su esposa la reina Victoria Eugenia.
Una tarde, al visitar una importante joyería parisina, la soberana quedó
deslumbrada por un collar que había en exhibición.
La reina trató de convencer a su augusto esposo que se lo comprara; pero
don Alfonso, que gozaba de fama de ser comedido en el gasto, no quiso
complacer a su esposa. Tras varios días de insistencia, doña Victoria
Eugenia logró convencer al rey de que le comprara el collar.
Fueron a la joyería, pero ya el collar se había vendido a la esposa del
general Mario García Menocal. La reina le recriminó a su esposo: -Lo
ves, por tu tacañería perdí el collar. A lo que don Alfonso respondió:
“¿Qué querías que hiciera, mujer? Yo sólo soy el rey de España, y él es
un ex presidente de la República de Cuba”.
El modesto quilo
(Para el ingeniero Ramón Merino, que me preguntó por el origen del
quilo)
Cuando comenzó la primera intervención norteamericana en Cuba en 1898,
todo el papel moneda emitido por el Banco Español de la Isla de Cuba se
declaró nulo y sin canje,
y comenzó a circular la moneda norteamericana, o sea, el dólar.
Esta situación se mantuvo,
aún instaurada la república,
hasta que durante el gobierno del general Mario García Menocal
(1913-1917) y siendo secretario de Hacienda el doctor Leopoldo Cancio
Luna, se estableció el sistema monetario cubano.
La moneda cubana tomó como patrón el oro, siendo su símbolo monetario el
peso cubano, que se compone de cien centavos. De momento no se emitieron
billetes, sólo monedas de 1, 2, 5, 20 y 40 centavos.
La antigua peseta española se componía de cien céntimos a los que
popularmente se les llamaba quilo. De ahí viene la costumbre cubana de
llamar quilo a la moneda de un centavo.
Aunque había la creencia de que el modesto quilo no tenía mucho valor
(“No vale ni un quilo” decían los cubanos viejos para indicar que algo
tenía poco valor), con un quilo se podían comprar muchas cosas, como por
ejemplo: un pirulí, una melcocha, un cigarro, un chicle, azúcar, sal,
por señalar algunas.
Con tres quilos un
taza de
café y con cinco quilos podías ir al cine. Una popular tienda habanera,
que vendía artículos de a quilo se llamaba “La Casa de los Tres Quilos”.
Y en Cienfuegos recordamos a la tienda “El Centavo”.
No despreciemos, pues, al modesto quilo.
Los Aires Libres
A las terrazas de los cafés y bares establecidos frente al capitolio
nacional en La Habana, los cubanos les llamábamos Aires Libres. Eran
sencillas terrazas para tomar una copa, un refresco o un refrigerio
ligero.
Lo más notable de los Aires Libres era la música. Prácticamente cada
terraza tenía su propia música ejecutada por una orquesta, conjunto,
trío, dúo o sencillamente un cantante en solitario.
La primera vez que visité una de estas terrazas fue en 1942 durante mi
primer viaje a La Habana. En esos días La Habana no se encontraba muy
alegre, pues los alemanes habían hundido varios barcos mercantes
cubanos. Sin embargo, en los Aires Libres había “ambiente”.
Recuerdo la orquesta “Anacaona” formada sólo por mujeres asiáticas.
Fueron muchos los artistas que actuaron en aquellas terrazas. Uno de los
más notables fue Daniel Santos, el inquieto “anacobero”.
Otras de las atracciones de los Aires Libres eran los fotógrafos que
deambulaban por ellos ofreciendo hacer fotografías de los asistentes. La
oferta era variada. Las fotografías con el capitolio nacional de fondo
tenían un precio mayor que las otras en las que sólo aparecía la persona
“retratada”. El fotógrafos ambulantes solían preguntar al cliente: ¿Con
capitolio o sin capitolio?
Recuerdo que, en unión de otros familiares, me tomé una de aquellas
fotos “con capitolio”.
Las butifarras del Congo
En la carretera central a su paso por Catalina de Güines se encontraba
el restaurante de El Congo (cuyo nombre desconozco, a ver si alguien me
echa una mano y me lo averigua) y su especialidad eran las butifarras.
La butifarra es un embutido a base de carne de cerdo molida. Según se
cuenta, llegó a Cuba procedente de zona de Cataluña, Valencia y la islas
Baleares en España; pero las butifarras cubanas eran realmente las
mejores del mundo.
El Congo comenzó su negocio en un pequeño quiosco a la orilla de la
carretera. Pronto los automovilistas, camioneros y guagueros
descubrieron la calidad de la bufitarra de El Congo y comenzaron a
parar sus vehículos para degustar aquel manjar.
No tengo que decirles que a la vuelta de unos años aquel negocio creció
hasta convertirse en un gran restaurante que ofrecía toda clase de
comidas, aunque el plato fuerte seguía siendo las butifarras. No era
raro en El Congo ver grandes concentraciones de automovilistas y los
ómnibus de Menéndez, Santiago-Habana, La Ranchuelera, la Flecha de Oro,
que hacía allí su parada obligada para que los viajeros pudieran
degustar las butifarras.
No en balde la décima popular decía: “Con este cantar propongo / lo que
dice mi segundo / no hay butifarra en el mundo / como la que hace El
Congo”.
Café con leche
Alguien, queriendo ofender a Cuba, dijo que los cubanos éramos un pueblo
de chicharrones y café con leche. Bueno, realmente éramos mucho más que
eso. Éramos uno de los primeros países de América; pero además hacíamos
unos chicharrones de puerco para chuparse los dedos y preparábamos un
café con leche, como en el cielo.
No hay café con leche en el mundo como el de La Habana de antes. Venía
el camarero a la mesa con una lechera en una mano y la cafetera en la
otra y en la propia taza te mezclaba el café con la leche. Todo un arte
de sabor y precisión.
Me imagino que tendría que ver la leche empleada y sobre todo el café.
He saboreado el café con leche madrileño, que es bueno. He paladeado el
que preparan en el Café de la Parroquia de Veracruz en México, que trata
de parecerse al de Cuba, mezclado en la taza. También he probado el del
Versalles en Miami, que también es bueno; pero ninguno me sabe igual a
aquel café con leche habanero, saboreado sin prisa, en un café de La
Habana vieja, cuando Cuba florecía.
"El Encanto" y su encanto
Más que una organización comercial, la tienda “El Encanto” de La Habana
fue una institución al servicio de la sociedad cubana.
Fundada en 1888 por la firma comercial Solis, Entriago y Cia. estuvo
situada en la esquina de las calles Galiano y San Rafael. “El Encanto”
fue modelo de buen gusto y modernidad en el comercio hasta su ocupación
al inicio de la revolución castrista.
"El Encanto" creó un modo distinto de comerciar. Más moderno, más
refinado y más cubano.
¿Quién no recuerda sus atractivas “vidreras” sus elegantes empleadas,
sus salones dedicados a lo mejor de la moda universal? ¿Quién no
recuerda a "Don Julio"? El encanto de “El Encanto” era esa elegancia,
ese buen gusto, esa “clase” que siempre supo imponerle a sus artículos a
sus servicios y a su personal.
Recordamos hoy en esta viñeta a "El Encanto" y...
su encanto.
La Guarachera de Cuba
Se nos fue Celia Cruz, la “Guarachera de Cuba”. Esta incomparable mujer
llegó ser la representación de Cuba para el exilio cubano. Decir Celia
Cruz es decir Cuba. No en balde ya ha comenzado a llamársele Celia Cuba,
en vez de Celia Cruz.
¡Cuántos recuerdos y cuánta nostalgia nos ha regalado Celia Cruz durante
estos cuarenta y tantos años de exilio!
¡Cuántos recuerdos detrás de cada una de sus canciones!
“Se oye el clamor de un pregonar... “ y de inmediato nos vienen lo
recuerdos. El primer baile o la primera cita amorosa; o aquél lugar
donde de la vimos y bailamos con su música por primera vez.
¿Quién no recordó a Cuba, a sus paisajes y a sus gentes cuando oyó a
Celia interpretar “Mata Siguaraya”. “Burundanga”, “Cao Cao Maíz Picao”
“Cuba qué linda es Cuba” y otras muchas?
Celia se ha ido; pero su música y su alegría se quedará para siempre con
nosotros; y cada vez que oigamos sus canciones pensaremos en Cuba. Esa
Cuba que Celica Cruz que tanto quiso.
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